domingo 24 de enero de 2010

Ironías

No teniendo nada mejor que hacer, hoy nos pusimos a jugar Verdad o Consecuencia con la botellita. A alguien no muy delicada, que sabía la respuesta, se le ocurrió preguntarme si alguna vez había peído a un cortejo, me reí y le respondí que sí.

Todos nos reímos y empezaron las preguntas, y no es que esté orgullosa, pero no sé qué fue lo que pasó con ese chico, que sin querer lo peí 3 veces en una semana, por suerte, o no, no sé, no eran de los estruendosos, solo fueron como eso PPTTTT como descosturada, sin olor y sin mayor vergüenza que la del sonido, estornudé y se me escapó, lo siento, tan ordinario y vergonzozo como suena, es real.

La pregunta que vino después de eso fue lo que me hizo pensar, es que es muy fácil para mi pasar de las cómicas historias de los pedos a los existencialismos del "amor", e imagínenme diciéndolo novelescamente.

Me preguntaron si a pesar de eso el chico quiso seguir conmigo, les dije que extrañamente sí, me tuve que deshacer de él contra su voluntad.

Empecé a hacer un recuento de mis cortejos, me di cuenta que el único que ha querido deshacerse de mi ha sido ÉL, a todos los demás los terminé dejando yo, contra su voluntad, todos querían conservarme, no sé si para toda la vida pero al menos por un tiempo más.
El único que me rechazó, me botó de su vida, de su casa, de su jeep, de su vereda, de todos lados, fue ÉL, ninguno de sus antecesores (ni los de entre medio, o sea los que tuve mientras estuvimos terminados) quería dejarme ir, realmente no lo comprendo, debe estar loquito.

A quien le contamos que nos casamos dice que ÉL debe estar loco para querer aguantarme para siempre, yo también lo creo, no debe andar bien de la cabeza, querer conservarme para siempre, a pesar de lo loca, desvariante y no muy normal que soy.

No es que sea tampoco una diva, sólo soy yo, alguien que no es fea pero tampoco es una diva, no muy alta, tampoco enana, de caderas muy anchas para mi gusto y una boca casi sin labios, más bien pálida y de pelos crespos y rebeldes.
A pesar de todos mis defectos y complicado mundo interior todos me han querido conservar, será para siempre una incógnita para mi, aunque sospecho que mi agudo sentido del humor, no siempre muy convencional, podría ser la causa, un payasito agrio permanente personal, no sé, podría ser.

Otra vez me fui por las ramas y me perdí de lo central, la cosa era que el único que quiso deshacerse de mi y cuando lo logró fue que me pidió volver, fue ÉL, con quien ahora me caso, con quien formaré mi familia, tendré bellos hijos y le regalaré mi vida, mi alma, mis pensamientos, mis gustos y mi cuerpo.

No es que sea de esas boludas que se encerrará para siempre y vivirá según gusto del marido, pero aceptaré que mi plata no será solo mia, que mi trabajo deberá cubrir ciertos gastos de la casa, que debo reportarme ocasionalmente y que antes de mandarme jalar a hacer alguna de mis acostumbradas bellacadas, tendré que conversarlo con ÉL.

Lo amo, entendiendo el amor como una mezcla de comodidad, costumbre y confianza. Visualizándome sentada en una mecedora, muy viejita, conversando con ÉL, esperando que sólo la muerte nos separe y pidiendo a Dios que me muera antes que ÉL para no tener que soportar el dolor de perderlo.

Es normal que tenga miedo, pero el miedo se pierde momentáneamente al pensar en que podría despertar junto a él a diario, sintiendo su olor en las almohadas, en las sábanas, en que mis hijos podrían ser una mezcla de nosotros de 2, en imaginarme un niño con sus cejas, su boca y su cabello que tanto me gustan.

ÉL no es ningún Adonis, ÉL es un chico más bien promedio, pero es mío, es MI sexy, mi amor, mi chulupizingo, mi sapingo, mi crudingo, mi MIO.

Lo mío no es un cuento de hadas, dista mucho de eso, pero es MI cuento, va con mi percepción podrida y agonizante del amor, es mi historia.

Para mi el matrimonio es uno solo, por eso me tomé mi tiempo para decidirme, por eso siempre me asustó tanto, por eso siempre dije que el matrimonio no era para mi, que nunca cometería tamaña estupidez, ahora me trago con orgullo mis palabras, es lo que quiero, a pesar del susto, pero lo quiero con ÉL, con nadie más. Además, soy tan egoísta (y en este blog ya se ha comprobado), que prefiero ser viuda antes que darle el divorcio, así que debería cuidarse jajajajaja.

Ojalá las palabras del párrafo anterior nunca me las tenga que tragar, esas sí que no, ojalá nunca me vea firmando mi sentencia de divorcio; sinceramente prefiero firmar mis papeles de ingreso a la cárcel ;-).

Que ironía, el único que quiso deshacerse de mi es quien será mi esposo para siempre. Lo amo.

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